domingo, 26 de abril de 2020

Un cuento corto para no dormir


Duele cada día un poco más, caminar, sentarse y pararse, incluso llevarse una cuchara a la boca... Y sigo aquí el dolor se ha vuelto un buen amigo, incondicional, más incluso que los viejos tiempos y los conocidos, la soledad también es recurrente aún con la familia, aún con los que me quieren, es difícil conectarse con las personas que a diario corren y corren, y un viejo como yo ya no es tan interesante, almenos me pregunto si el dolor parará algún día, si ese día será pronto, a diferencia de los que corren yo quiero ir más lento, por que con cada paso me acerco al final del cuento. Si, es triste pero la verdad es que no es tan triste, viví, hice todo lo que estuvo a mi alcance para ser feliz, y aunque muero como un viejo pobre, mi mesa estuvo siempre llena, mi corazón aun más, lleno de atletas, los entiendo, a su edad tampoco quería esperar, no quería una pausa, no tenía tiempo para esas cosas, pero ahora más de sesenta años después veo que sí tenía algo de tiempo...
En fin hoy que escribo estos papeles les digo viví bien, viví todo lo que quice, ame todo lo que pude y me amaron también, mi viejo amor me dejó ya hace un año y la extraño como un libro empolvado a un apasionado lector, la extraño tanto. 
Hoy jueves, mis huesos duelen un poco más, el cielo nuboso y oscuro como de tormenta, me dice que hoy difícilmente me pararé de esta cama, no importa estoy cansado ahora y la extraño mucho, quizá sólo deba cerrar los ojos y descansar otro rato... 

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